La Rosa Que Me Abandonó
Chapter 1 — El Aroma Amargo del Rechazo
El aullido de la loba resonó en mis huesos, un lamento sordo que parecía arrancado de la mismísima tierra. No era un aullido de alegría, ni de caza, sino uno cargado de una desesperación tan profunda que me caló hasta la médula, haciéndome tambalear en medio del claro bañado por la luz de la luna.
Mi nombre es Rocío Mariana, y hasta hace unas horas, era la futura Rosa de la manada Rosa Plateada, la más poderosa de la Sierra Morena. Pero ahora… ahora solo soy una loba marcada por el rechazo. El rechazo de mi mate destinado.
Respiré hondo, intentando controlar el temblor que me sacudía. El aire de la noche olía a pino, a tierra húmeda y… a él. El aroma embriagador de cuero y especias que siempre me había atraído, ahora me quemaba como ácido. Un olor que ya no me pertenecía.
La Sierra Morena, con sus bosques densos y sus picos escarpados, siempre había sido nuestro hogar, un refugio para los cambiaformas que vivíamos en armonía con la naturaleza. Nuestra manada, liderada por el Alfa Maximiliano, mi padre, protegía estas tierras desde hacía siglos, manteniendo el equilibrio entre nuestro mundo y el de los humanos, los *sin don*, como los llamábamos.
Crecí sabiendo que mi destino estaba ligado a la manada, que mi deber era ser fuerte, sabia y leal. Me entrenaron en el arte de la guerra, en la diplomacia y en el control de mi loba interior, una fiera indómita de pelaje negro como la noche y ojos color ámbar. Soñaba con el día en que conocería a mi mate, el hombre lobo destinado a ser mi compañero, mi apoyo y mi Rey.
Ese día llegó anoche, durante la Ceremonia de la Rosa Llena, un ritual ancestral donde los jóvenes lobos presentaban sus respetos a la Diosa Rosa y esperaban su bendición. El aire vibraba con energía mágica, la hoguera crepitaba con fuerza y los tambores resonaban al unísono, llamando a nuestros espíritus animales.
Cuando lo vi, supe al instante que era él. Rodrigo. El hijo del Alfa de la manada Colmillo de Acero, nuestros vecinos del norte. Alto, de complexión fuerte, con el cabello negro como el carbón y unos ojos grises que parecían dos tormentas. Su aura era poderosa, casi palpable.
Nuestras miradas se encontraron y sentí una conexión tan intensa que me dejó sin aliento. La loba dentro de mí aulló de alegría, reconociendo a su otra mitad. Extendí mi mano hacia él, con el corazón latiendo a mil por hora, esperando el toque que confirmaría nuestro lazo.
Pero Rodrigo no tomó mi mano. Su rostro, que hasta hacía un instante había reflejado sorpresa, se endureció. Sus ojos grises se volvieron fríos, casi crueles. Y entonces, pronunció las palabras que destrozaron mi alma.
"Te rechazo como mi mate, Rocío Mariana de la Rosa Plateada."
El silencio que siguió a sus palabras fue ensordecedor. Sentí como si el mundo entero se detuviera. La alegría se transformó en un dolor lacerante, un vacío que me consumía por dentro. Mis rodillas flaquearon y caí al suelo, sintiendo la mirada de todos los presentes clavada en mí.
Mi padre, el Alfa Maximiliano, rugió de furia, listo para defender mi honor. Pero yo lo detuve con un gesto. No quería una guerra. No quería más dolor. Solo quería desaparecer.
Huí del claro, corriendo a través del bosque, con el corazón roto y la dignidad hecha trizas. La loba dentro de mí se retorcía de agonía, incapaz de comprender el rechazo. ¿Por qué? ¿Qué había hecho mal?
Ahora, me encontraba aquí, sola en medio de la noche, intentando entender lo incomprensible. El rechazo de un mate era algo raro, casi antinatural. ¿Qué significaba esto para mí? ¿Qué significaba para mi manada?
Una sombra se movió entre los árboles. No era un lobo, ni un oso, ni ningún animal que reconociera. Era algo más… algo oscuro y siniestro. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal. No estaba sola. Y fuera lo que fuese que me observaba, no venía en son de paz. Oí un susurro, una voz rasposa que parecía venir de las profundidades de la tierra: *“El rechazo es una puerta, Rocío Mariana. Una puerta a un poder que nunca imaginaste.”* Y entonces, sentí una punzada en el cuello, y la oscuridad me invadió.