Esmeralda Bajo las Luciérnagas

Chapter 1 — El brillo esmeralda de tus ojos

El sonido del champán al ser vertido apenas podía escucharse por encima del murmullo constante de la fiesta. Daniela, con su vestido rojo que desafiaba las convenciones de la alta sociedad, se sentía tan fuera de lugar como una margarita en un jardín de orquídeas. Sus dedos, adornados con un único anillo de plata, jugueteaban nerviosamente con la copa de cristal. Esta no era su gente, no era su mundo. Ella pertenecía a las calles adoquinadas de Antigua, no a los salones dorados de Ciudad de Guatemala.

"Daniela, ¿verdad?", una voz profunda y resonante interrumpió sus pensamientos. Un hombre alto, vestido con un traje impecable que parecía haber sido esculpido sobre su cuerpo, se plantó frente a ella. Sus ojos, de un verde esmeralda tan intenso que parecían perforarla, la examinaban con una intensidad que la hizo temblar. Era él. Cristián Montenegro, el magnate más poderoso de Centroamérica, el hombre cuya sola mención hacía temblar a los empresarios más experimentados. El hombre que estaba a punto de cambiar su vida para siempre.

"Sí, señor Montenegro", respondió Daniela, intentando mantener la compostura. Su voz, aunque suave, delataba un ligero nerviosismo. Lo había visto en revistas, en la televisión, pero nada preparaba para la presencia imponente que emanaba en persona. Su aura era una mezcla de poder, misterio y una pizca de peligro. Daniela sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal.

"Por favor, Cristián", corrigió él, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. "Me han dicho que eres una artista talentosa. Tus pinturas son… fascinantes. Especialmente las que representan Antigua". Se acercó un poco más, invadiendo su espacio personal. El aroma a sándalo y cítricos que emanaba de él la mareó ligeramente. "Tengo una propuesta que hacerte, Daniela. Una propuesta que podría cambiar tu futuro".

Daniela lo miró fijamente. Sabía que no podía confiar en él, que su mundo y el de él eran polos opuestos. Pero la mirada de Cristián Montenegro, ese brillo esmeralda que parecía prometerle todo y nada a la vez, la hipnotizaba. Podía sentir el peso de su mirada sobre ella, como una promesa de algo inevitable. "¿Qué clase de propuesta?", preguntó, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. Él sonrió, una sonrisa que ahora sí llegaba a sus ojos, pero que no la tranquilizaba en absoluto. "Una que no podrás rechazar", respondió, tomando su mano y llevándola hacia un balcón apartado. Desde allí, la ciudad se extendía a sus pies como un tapiz de luces doradas. Y en ese momento, Daniela supo que estaba atrapada. "Verás, Daniela, necesito una esposa… una esposa falsa".