Satén Rojo y Pólvora
Chapter 1 — Un vestido rojo en la oscuridad
El sonido de las olas rompiendo contra el malecón era lo único que me impedía escuchar los latidos salvajes de mi corazón. La brisa salada de Cartagena me acariciaba el rostro, pero no lograba calmar el sudor frío que me empapaba la espalda. Sabía que él estaba cerca, que sus ojos oscuros me observaban desde la penumbra, como un depredador acechando a su presa.
Mi nombre es Isabela, y hasta hace unos meses, era una simple estudiante de diseño de modas. Ahora, soy la prometida, o mejor dicho, la propiedad, de Dante Moretti, el hombre más poderoso y temido de toda la costa colombiana. Un hombre cuya sonrisa es tan letal como la hoja de un cuchillo.
Nuestro "compromiso" fue, por decirlo suavemente, arreglado. Mi padre, un contador con más deudas que escrúpulos, me ofreció como pago para saldar sus deudas con la organización de Moretti. Al principio, me negué rotundamente. Huí, me escondí, intenté desesperadamente escapar de este destino cruel. Pero Dante siempre me encontraba. Siempre me recordaba que, en este mundo, el poder lo es todo.
Esta noche, era la fiesta de compromiso. Un evento ostentoso en una mansión frente al mar, repleta de hombres trajeados, mujeres enjoyadas y un aire cargado de hipocresía. Llevaba un vestido rojo, ajustado y provocativo, una elección del propio Dante. Un recordatorio constante de que le pertenecía por completo, cuerpo y alma.
Durante toda la noche, Dante no se despegó de mi lado. Su mano en mi cintura era una posesión constante, su aliento cálido en mi oído mientras murmuraba promesas vacías de un futuro juntos. Intenté mantener la compostura, sonreír para las cámaras, aparentar felicidad. Pero en mi interior, la esperanza se desvanecía lentamente.
En un momento, Dante se alejó para atender un asunto urgente, dejándome sola en el balcón. Aproveché la oportunidad para respirar aire fresco, para sentir por un instante la libertad que tanto anhelaba. Fue entonces cuando lo vi. Un hombre alto, vestido de negro, con el rostro oculto por la sombra de un sombrero. Sus ojos brillaban con una intensidad que me heló la sangre. En su mano, sostenía un arma.