La Marca en la Noche de Caracas

Chapter 1 — La Marca en la Noche de Caracas

El cañón frío presionaba contra mi sien, el olor a pólvora quemada mezclándose con el dulce aroma de las flores que adornaban el salón de baile. Una ironía cruel, pensé, mientras cerraba los ojos, esperando el final que siempre supe que llegaría.

Mi nombre es Itzel, y nací en el corazón de la oscuridad. No metafóricamente, claro. Mi padre, el ahora difunto Pablo Santana, fue el capo más temido de Caracas. Y ahora, su legado, su imperio de sangre y secretos, recaía sobre mis hombros.

Nunca pedí esta vida. Soñaba con ser bailarina, con llenar teatros con mi arte, no con limpiar la sangre de las calles. Pero los sueños, como las promesas, se los lleva el viento en esta ciudad.

Dos semanas atrás, todo cambió. El atentado contra mi padre durante la gala anual de la familia desató una guerra sin cuartel entre los clanes. Los Guzmán, nuestros rivales más feroces, aprovecharon la debilidad para atacar. Ahora, me encuentro acorralada, sin aliados claros, y con la marca de la sentencia en la piel.

La figura que se dibuja frente a mí, envuelta en sombras, es la de Lorenzo Guzmán, el hijo del patriarca. Su rostro, bello y cruel a partes iguales, refleja una frialdad que hiela la sangre. Lo conozco desde niña; fuimos, en algún momento, casi amigos. Ahora, solo veo odio y una determinación implacable.

"Itzel," susurra, su voz grave resonando en el silencio. "Es una lástima que esto haya terminado así. Podríamos haber tenido… tantas cosas."

"Ahorrate tus palabras, Lorenzo," escupo, intentando mantener la compostura. "Viniste a terminar lo que tu padre empezó."

Una sonrisa torcida se dibuja en sus labios. "No exactamente. Vine a hacerte una oferta."

Levanta la pistola, apuntando ahora no a mi cabeza, sino al corazón de uno de mis hombres, quien se encuentra inmovilizado a mi lado. "Únete a nosotros, Itzel. Jura lealtad a los Guzmán, y te perdonaré. A ti y a los tuyos. Rechaza mi oferta… y verás cómo tu imperio se derrumba a tus pies."

Mis ojos se clavan en los suyos. Sé que no está mintiendo. Sé que tiene el poder de destruirme. Pero rendirme… rendirme significaría traicionar la memoria de mi padre, traicionar todo por lo que he luchado. Tomo una respiración profunda. "Nunca", digo, mi voz temblando ligeramente. "Prefiero morir."

Lorenzo baja lentamente el arma. Sus ojos brillan con una intensidad peligrosa. "En ese caso…", dice, una pausa larga, cargada de amenaza, "…disfruta tus últimos momentos, Itzel. Porque la noche es joven, y el infierno… está a punto de desatarse."