La Mentira que Nos Unió
Chapter 1 — El eco de tus mentiras
El olor a jazmines siempre me trae recuerdos amargos. Jazmines y él. Hace diez años, ese aroma inundaba el jardín de la hacienda de mis padres, el mismo jardín donde Elías me prometió un amor eterno, justo antes de romperme el corazón en mil pedazos.
Hoy, estoy de vuelta en San Sebastián de las Flores, el pueblo que juré nunca pisar otra vez. La muerte de mi abuela Lucía me obligó a regresar. Ella fue la única que entendió mi dolor, la única que no me juzgó cuando huí, destrozada, a la capital. El testamento es claro: debo pasar un mes en la hacienda para poder venderla. Un mes rodeada de fantasmas, de recuerdos que creía haber enterrado.
La hacienda está igual que la recordaba: imponente, con sus paredes blancas y su techo de tejas rojas. El viento susurra entre los árboles frutales, cargado con el perfume de las buganvillas. Entro con cautela, sintiendo el peso de los años sobre mis hombros. La casa está fría, silenciosa. En el salón principal, un retrato de mi abuela me observa con una sonrisa triste. Siento un nudo en la garganta.
Recorro las habitaciones, cada rincón impregnado de memorias. En la biblioteca, encuentro un libro de poemas que Elías me regaló para mi cumpleaños número dieciocho. Lo abro al azar y una fotografía cae al suelo. Es una foto nuestra, tomada en la feria del pueblo. Elías me abraza por la cintura, su mirada llena de adoración. Yo sonrío, ingenuamente feliz. Siento un vuelco en el estómago. ¿Cómo pude ser tan ciega?
Cuando salgo al jardín, el sol se está poniendo. Los jazmines florecen exuberantes, como si quisieran burlarse de mí. Me siento en el banco de piedra donde Elías me besó por primera vez. Cierro los ojos e intento bloquear los recuerdos, pero es inútil. Su voz resuena en mi cabeza, susurrándome promesas vacías. De repente, escucho un ruido. Abro los ojos y veo una figura de pie frente a mí, a la sombra de los árboles. Mi corazón se detiene.
—¿Erendira? ¿Eres tú?