Medianoche y Colmillos

Chapter 1 — El Pacto de Medianoche

La sangre goteaba, espesa y carmesí, sobre el altar de obsidiana, un latido oscuro en el silencio profano. No era la mía, al menos no completamente. Era un tributo, una ofrenda, el primer paso en un juego peligroso que estaba a punto de comenzar.

Me llamo Lysandra, y vivo en la Sombra Perpetua, una ciudad donde la noche es eterna y los vampiros reinan supremos. No nací vampira; fui hecha. Elegida, algunos dirían. Marcada, yo diría. Hace un año, era una simple mortal, una flor marchita en los jardines prohibidos de la ciudadela. Ahora, soy algo más… y algo menos.

La Sombra Perpetua se alza sobre los restos de un mundo olvidado. Sus calles empedradas serpentean entre edificios góticos que se alzan hacia un cielo perpetuamente nublado. La luna, pálida y distante, nunca se revela por completo, dejando a la ciudad bañada en una penumbra seductora y peligrosa. Aquí, el poder se mide en sangre y secretos, y las alianzas se forjan y se rompen con la facilidad con la que se respira el aire enrarecido.

Mi transformación fue obra de Kael, el Señor de la Noche, el vampiro más antiguo y poderoso de la ciudad. Su belleza es tan letal como su sed, sus ojos, dos pozos de oscuridad insondable, capaces de hipnotizar y destruir. Me encontró, o más bien, me eligió, entre las doncellas ofrecidas como tributo al Palacio de la Medianoche. Yo era la ofrenda más insignificante, la más frágil. La que nadie esperaba que sobreviviera.

Pero Kael vio algo en mí. Una chispa de desafío, tal vez. Una vulnerabilidad que le atrajo. O quizás, simplemente, el capricho de un ser inmortal aburrido de la monotonía de la eternidad. Sea cual sea la razón, me reclamó. Me convirtió. Me ató a él con un pacto de sangre que resonaba en cada latido de mi corazón, ahora un eco fantasmal.

El pacto… es complicado. Me otorga una fuerza y una agilidad sobrehumanas, la inmortalidad y la capacidad de sentir la sangre de los mortales a kilómetros de distancia. Pero también me ata a Kael. Soy su protegida, su arma, su posesión. Y debo obedecer sus órdenes, sin importar cuán oscuras o peligrosas sean.

Esta noche, el pacto me exige cumplir una misión. Una prueba de lealtad, según Kael. Una sentencia de muerte, según mi intuición. Debo recuperar un artefacto robado del Palacio de la Medianoche: el Corazón de la Noche, una gema que contiene la esencia de la oscuridad primigenia, un poder capaz de destruir la Sombra Perpetua… o de hacerla aún más invencible.

La gema está en manos de un grupo de rebeldes, los Hijos del Alba, mortales y vampiros renegados que se oponen al reinado de Kael. Creen que el Corazón de la Noche es la clave para liberar a la ciudad de su yugo. Son idealistas, ingenuos… y peligrosos. No dudarán en matarme si me encuentran.

Me muevo entre las sombras, mi capa ondeando a mi alrededor como alas de murciélago. El olor a sangre humana es más fuerte aquí, en los barrios bajos de la ciudad, donde la desesperación y el crimen campan a sus anchas. Sigo el rastro, guiada por mi nuevo sentido agudizado, hasta un antiguo almacén abandonado.

La puerta está entreabierta. Entro con cautela, mis sentidos en alerta máxima. El interior está oscuro y húmedo, el aire cargado de tensión. Voces susurran en la distancia. Me acerco sigilosamente, mi mano aferrando la empuñadura de la espada que Kael me regaló, una hoja de plata capaz de matar incluso al vampiro más poderoso.

De repente, una figura emerge de las sombras. Un hombre alto y corpulento, con el rostro cubierto por una máscara de cuero. Sus ojos brillan con una luz fanática. "Sabemos quién eres, Lysandra", dice su voz, grave y amenazante. "La perra de Kael. Viniste por el Corazón de la Noche."

Sonríe, una mueca cruel y despiadada. "Pero no te lo daremos tan fácilmente. Tenemos otros planes para ti… y para tu amo."

Antes de que pueda reaccionar, siento un dolor agudo en el cuello. Una aguja hipodérmica. Un líquido helado que se extiende por mis venas. Intento luchar, pero mis músculos se paralizan. La visión se nubla. Caigo al suelo, inconsciente. La última imagen que veo es el rostro sonriente del hombre enmascarado, sus ojos brillando con una maldad triunfante. Cuando despierto, estoy encadenada a una pared fría y húmeda. Frente a mí, una figura se mueve en la oscuridad. La voz, suave y seductora, me hiela la sangre.

"Bienvenida, Lysandra", dice Kael, emergiendo de las sombras. "Me alegra que hayas llegado. Tenemos mucho de qué hablar."