Traición Bajo la Inés
Chapter 1 — El Aroma de la Traición
El hedor a lobo mojado y derrota me golpeó antes de que siquiera abriera los ojos. Era el olor de mi padre, el Alfa, regresando de la Batalla Ritual, y presagiaba nada bueno.
Me llamo Alba de la Inés, y hasta hoy, creía conocer mi lugar en la manada Inés Nueva. En esta sociedad regida por la luna y la sangre, se suponía que yo sería la compañera elegida por la Diosa Inés para el próximo Alfa, para fortalecer nuestro linaje.
Pero la Diosa Inés es caprichosa, como la misma luna que nos rige. A los dieciocho años, mi aroma debía haber alcanzado su punto álgido, un faro para mi compañero destinado. En cambio, solo olía... a nada. A jabón suave y hierbas neutras. Indetectable.
La puerta de mi cabaña se abrió de golpe, revelando a mi padre, Caius, con el rostro tallado en piedra. Detrás de él, se vislumbraba la agitación del claro principal de la manada. Todos esperaban.
"Alba", gruñó, su voz tan áspera como la corteza de un árbol antiguo. "Ven conmigo. Es hora".
Mi corazón latió con fuerza. ¿Era hoy? ¿Finalmente mi compañero se revelaría, ignorando mi aroma ausente, reconociendo mi alma?
Me puse de pie, enderezando mi sencillo vestido de lino. No tenía adornos, ni siquiera el más mínimo indicio de plata, el metal que tanto apreciábamos por su conexión con la luna. No me consideraban digna.
Caminé detrás de mi padre a través del claro. Las miradas de los miembros de la manada eran como cuchillos. Compasión, decepción, burla... Las sentí todas. Intenté mantener la cabeza alta, pero el peso de sus juicios era casi insoportable.
En el centro del claro, bajo el brillo plateado de la luna menguante, él estaba parado. Liam. El futuro Alfa, un guerrero imponente con ojos del color del acero fundido y una melena de cabello negro que le caía hasta los hombros. Era todo lo que una loba podría desear. Y se suponía que sería mío.
Pero cuando me acerqué, su rostro no reflejó anhelo ni reconocimiento. Solo... disgusto. Un escalofrío recorrió mi columna vertebral, más frío que la noche más oscura del invierno.
Mi padre se detuvo frente a Liam. "Liam, hijo mío", dijo con voz grave. "La Diosa Inés te ha guiado hasta tu compañera". Señaló hacia mí con una mano temblorosa.
El silencio se hizo tan espeso que casi se podía tocar. Liam me miró de arriba abajo, con los labios curvados en una mueca. Podía sentir la esperanza, tenue pero persistente, dentro de mí, muriendo.
"Esta... cosa", escupió, su voz cargada de desprecio, "no es mi compañera".
El silencio se rompió en un murmullo ahogado. El mundo a mi alrededor comenzó a desdibujarse. Las palabras de Liam resonaron en mi cabeza como un trueno.
"Debe haber un error", tartamudeó mi padre, con el rostro pálido. "Su aroma... quizás aún no se ha manifestado completamente".
Liam se rió, una risa fría y carente de humor. "No hay error, Caius. Puedo sentir el vínculo con mi verdadera compañera. Ella está aquí, en esta manada. Y definitivamente no es esta... inútil".
Extendió la mano y tomó a una joven de entre la multitud. Elara. Era hermosa, con cabello dorado y ojos verdes brillantes. Su aroma, una mezcla embriagadora de miel y lavanda, llenó el aire. Era un aroma que siempre había envidiado, una fragancia que gritaba: *compañera*.
"Elara es mi compañera", declaró Liam, su voz resonando con certeza. "La Diosa Inés me la ha mostrado".
La mirada de Elara era una mezcla de triunfo y lástima mientras me veía. Mi mundo se hizo añicos. Todo en lo que había creído, todo lo que había esperado, se había desvanecido en un instante.
Pero la humillación no fue lo peor. El dolor, el puro y desgarrador dolor de ser rechazada, de ser considerada indigna, era insoportable.
Sentí que las lágrimas me quemaban los ojos, pero me negué a dejarlas caer. No les daría la satisfacción. Me mantendría fuerte, aunque por dentro estuviera muriendo.
Mi padre intentó protestar, pero Liam lo silenció con una mirada. "Caius, no discutas con el destino. La Diosa Inés ha hablado".
Luego, Liam hizo algo que nunca esperé. Algo que cambió todo.
Se arrodilló ante Elara, tomándole la mano y besándola suavemente. "Elara", dijo, su voz ahora suave y llena de adoración. "¿Aceptarías ser mi Inés? ¿Aceptarías unirte a mí y gobernar esta manada a mi lado?".
Elara jadeó, con los ojos llenos de lágrimas de alegría. "Sí, Liam. Sí, acepto".
La manada vitoreó. Mi padre se tambaleó, como si lo hubieran abofeteado. Yo solo podía mirar, paralizada, mientras mi vida se desmoronaba a mi alrededor.
Liam se volvió hacia mí, con una mirada fría y calculadora en sus ojos. "En cuanto a ti, Alba", dijo, su voz goteando veneno. "Serás marcada como una Renegada. No tienes lugar en esta manada. Al amanecer, te irás. Y si alguna vez vuelves a cruzar nuestro territorio, serás asesinada".
¿Una Renegada? ¿Exiliada? La indignación superó momentáneamente el dolor. ¿Cómo se atrevía?
Pero antes de que pudiera responder, antes de que pudiera siquiera procesar completamente sus palabras, Liam hizo una seña a dos guerreros. Se acercaron a mí, con los ojos llenos de disgusto.
"Llévatela", ordenó Liam. "Y asegúrense de que no cause problemas".
Los guerreros me agarraron con fuerza, arrastrándome lejos del claro, lejos de mi familia, lejos de todo lo que había conocido. Llevándome hacia un futuro incierto, un futuro como una Renegada, una paria. Pero mientras me alejaban, vi algo en los ojos de Elara. Algo que me hizo detenerme.
No era solo triunfo. Había... miedo.
¿Miedo de qué? ¿Y por qué Liam me quería fuera tan desesperadamente? El rechazo dolía, pero la curiosidad era más fuerte. Algo no estaba bien. Y estaba decidida a descubrir qué era, incluso si eso significaba convertirme en la Renegada que ellos creían que era.
Me arrastraron hacia la oscuridad, pero una chispa de determinación se encendió dentro de mí. No me rendiría. Descubriría la verdad, y me vengaría de quienes me habían traicionado. Aunque tuviera que hacerlo sola.