Garras Bajo la Remedios Carmesí
Chapter 1 — El Aroma Prohibido de la Remedios Carmesí
El olor a sangre y pino era lo único que podía oler, y nublaba mis sentidos. Una embestida de poder recorrió mi cuerpo, la transformación inminente. No podía luchar contra ella, no más. La jaula que me retenía se hizo añicos, liberando a la bestia que tanto temía.
Mi nombre es Renata Vidal, y vivo en el Valle de las Sombras, un lugar donde la luna siempre parece teñida de rojo. Un valle que esconde más secretos de los que puede confesar. Un valle donde los hombres lobo dominan, donde la jerarquía lo es todo, y donde una mestiza como yo no tiene lugar.
Mi madre era humana. Mi padre… un lobo. Un lobo renegado, según las historias que me contaban las ancianas del pueblo. Un lobo que prefirió el amor prohibido a la lealtad a su manada. Un lobo que pagó con su vida por ello.
Crecí marginada, viviendo en la periferia del territorio de la manada Remedios Carmesí, sintiendo el peso de su desprecio en cada mirada, en cada palabra. Me llamaban bastarda, sangre sucia, abominación. Aprendí a endurecerme, a no mostrar debilidad, a sobrevivir en un mundo que me odiaba.
La manada Remedios Carmesí, liderada por el despiadado Alpha Ismael, es la más poderosa de la región. Su dominio se extiende por todo el valle, y su palabra es ley. Ismael es conocido por su crueldad y su ambición. Dicen que no tiene corazón, que solo le importa el poder.
Pero esta noche era diferente. La luna carmesí, rara y poderosa, había desatado algo dentro de mí. La transformación era más violenta, más incontrolable. Sentía un fuego abrasador en mis venas, una sed insaciable de… algo más.
Corrí hacia el bosque, huyendo del pueblo, huyendo de mí misma. Los árboles eran meras sombras que me observaban en la oscuridad. El viento aullaba entre las ramas, como si la naturaleza entera se burlara de mi dolor. Cada célula de mi cuerpo ardía, deformándose. Mis huesos crujían y se rompían, reacomodándose en una nueva forma. La piel se desgarraba, dando paso a un pelaje espeso y negro como la noche.
Cuando la transformación se completó, me desplomé sobre la tierra, jadeando. Ya no era Renata Vidal, la mestiza insignificante. Era algo más. Algo salvaje. Algo peligroso.
Me levanté sobre cuatro patas, sintiendo el poder crudo fluir por mis venas. Mis sentidos se agudizaron. Podía oler la sangre de un venado a kilómetros de distancia. Podía oír el latido del corazón de un conejo escondido bajo tierra. Podía sentir la presencia de otros lobos… cerca.
Un gruñido profundo escapó de mi garganta. Un gruñido que no era mío. Era el gruñido de la bestia que ahora me habitaba. Una bestia que exigía ser alimentada.
Comencé a correr, guiada por un instinto primario. El bosque se convirtió en un borrón oscuro a mi alrededor. La luna carmesí me iluminaba el camino, como si me guiara hacia un destino ineludible.
De pronto, un olor me detuvo en seco. Un olor que reconocí al instante. Un olor que me hizo temblar. Era el olor de Ismael, el Alpha. El olor de mi mate.
Pero algo andaba mal. Su aroma estaba mezclado con otro olor… un olor dulce y embriagador, el olor de una loba. Una loba que no era yo.
La ira me consumió. Una ira que no sabía que era capaz de sentir. Una ira que me impulsó a seguir adelante, sin importar las consecuencias. Necesitaba verlo. Necesitaba saber la verdad.
Me acerqué con cautela, escondiéndome entre los árboles. Pronto divisé una pequeña clareo. En el centro, bajo la luz de la luna carmesí, estaban ellos. Ismael y otra loba, abrazados, besándose apasionadamente.
Mi corazón se hizo añicos. Sentí como si me hubieran arrancado el alma. La loba era hermosa, de pelaje blanco como la nieve y ojos azules como el cielo. Era la hija del Alpha de la manada vecina, una alianza política que Ismael había estado tramando durante meses.
Pero lo que más me dolió fue la forma en que Ismael la miraba. La miraba con adoración, con un amor que yo nunca había visto en sus ojos. Un amor que nunca me había ofrecido.
Un aullido de dolor escapó de mi garganta. Un aullido que los alertó de mi presencia. Ismael se separó de la loba y me miró. Sus ojos se abrieron con sorpresa, luego se llenaron de furia.
—¿Renata? ¿Qué haces aquí? —gruñó, su voz cargada de amenaza.
No respondí. No podía hablar. Las palabras se atascaban en mi garganta, ahogadas por el dolor y la rabia.
—No deberías estar aquí —dijo Ismael, acercándose a mí—. Este es un asunto de Alphas. Vete, antes de que te arrepientas.
Pero yo no me moví. Lo miré a los ojos, desafiante. Quería que viera mi dolor, mi traición. Quería que sintiera el peso de su rechazo.
—No me iré —dije, mi voz ronca por el esfuerzo—. No hasta que me digas por qué.
Ismael suspiró, exasperado. Luego, una sonrisa cruel se dibujó en sus labios.
—¿Por qué? ¿De verdad quieres saber por qué? —preguntó, con sarcasmo—. Porque tú no eres nada. Eres una mestiza, una abominación. Nunca serás digna de ser mi mate.
Sus palabras fueron como puñales que se clavaban en mi corazón. Pero en lugar de derrumbarme, sentí que algo se rompía dentro de mí. Algo que me había mantenido atada a él, a la esperanza de que algún día me aceptara.
—Te equivocas, Ismael —dije, mi voz ahora firme y decidida—. Ya no soy la misma Renata que conociste. La luna carmesí me ha transformado. Me ha dado poder. Y voy a usar ese poder para vengarme de ti. Y de todos los que me han hecho daño.
Y sin esperar su respuesta, me lancé sobre él, dispuesta a arrancarle la garganta. Pero antes de que pudiera tocarlo, algo me detuvo. Una fuerza invisible me paralizó en el aire. Miré hacia atrás y vi a la loba blanca. Sus ojos brillaban con una intensidad sobrenatural.
—Basta, Renata —dijo la loba, su voz resonando en mi mente—. No permitas que la ira te consuma. No te rebajes a su nivel. Hay un camino mejor para ti. Un camino que te está esperando.
—¿De qué estás hablando? —pregunté, luchando por liberarme de su control.
La loba sonrió, misteriosa. Luego, señaló hacia el bosque, hacia una dirección que no había notado antes. Una dirección donde la luna carmesí brillaba con más intensidad.
—Ve hacia el norte, Renata —dijo la loba—. Busca la manada de la Estrella Fugaz. Ellos te mostrarán tu verdadero destino. Ellos te ayudarán a controlar tu poder. Ellos te aceptarán por quien eres.
Antes de que pudiera preguntar nada más, la loba me liberó. Caí al suelo, aturdida. Ismael me miraba con odio, pero no intentó detenerme.
Me levanté y miré hacia el norte. La luna carmesí me llamaba. Y por primera vez en mi vida, sentí una chispa de esperanza. Una esperanza de que tal vez, solo tal vez, podría encontrar mi lugar en el mundo. Pero antes de poder siquiera dar un paso, escuché un rugido proveniente del bosque. Un rugido aterrador que hizo temblar la tierra. No era el rugido de Ismael, ni el de la loba blanca. Era algo mucho más antiguo, más salvaje, más… poderoso. Y venía directamente hacia mí.