Veneno y Canela

Chapter 1 — El Perfume Amargo del Odio

El taxi frenó en seco, sacudiéndome contra el asiento de cuero. Maldije en voz baja, más por la interrupción de mis pensamientos que por el golpe real. Estaba a punto de llegar tarde a la reunión más importante de mi carrera, y todo por culpa de un embotellamiento monumental provocado, seguramente, por algún desfile absurdo en el centro de Buenos Aires.

Bajé del taxi pagándole al conductor con billetes arrugados y salí corriendo hacia el imponente edificio de "Altamirano Designs". El vidrio y el acero se alzaban desafiantes contra el cielo gris de la mañana, un espejo de la frialdad que sentía cada vez que pisaba ese lugar. No era mi ambiente, no era mi estilo, pero era mi oportunidad.

Mi nombre es Ximena Herrera, y soy diseñadora gráfica. Vine de un pequeño pueblo en la provincia de Salta, con una beca y un portafolio lleno de sueños, para conquistar este monstruo de la moda. Había pasado meses trabajando sin descanso para llegar a este punto: presentar mi propuesta para la nueva campaña publicitaria de "La Noche Eterna", el perfume estrella de la compañía.

Respiré hondo antes de entrar al ascensor, tratando de controlar los nervios que me carcomían por dentro. En el piso quince, la recepción era un oasis de minimalismo y sofisticación. La recepcionista, una mujer alta y delgada con una mirada glacial, me indicó la sala de reuniones con un gesto apenas perceptible.

Al entrar, sentí todas las miradas clavadas en mí. Estaba el equipo de marketing, los directores creativos y, al final de la mesa, presidiendo la reunión con una sonrisa arrogante, él. Bruno Altamirano, el heredero del imperio, el hombre que podía hacer o deshacer mi carrera con un solo chasquido de dedos. Nuestros ojos se encontraron por un instante, y sentí un escalofrío que no pude controlar. Un escalofrío que no era de miedo, precisamente.

"Señorita Herrera, qué bueno que pudo unirse a nosotros", dijo Bruno, su voz llena de un sarcasmo apenas disimulado. "Estábamos a punto de comenzar sin usted. Espero que su propuesta sea tan interesante como su… tardanza".

Sentí la sangre hervir en mis venas. Su mirada era una provocación, una declaración de guerra. Y yo, Ximena Herrera, estaba lista para la batalla. Lo que no sabía, era que esta batalla no se libraría solo en la sala de reuniones.