Cáliz de Sangre y Seda
Chapter 1 — El Pacto de Medianoche en la Casa de la Camila
El olor a sangre y azahar me despertó antes de que la hoja de plata tocara mi piel. Era la noche de mi décimo octavo cumpleaños, la noche en que mi destino se sellaría con un beso… un beso de muerte.
Me llamo Inés, y vivo en la Hacienda de la Camila, un lugar donde la tradición y la oscuridad se entrelazan como las enredaderas en sus muros de piedra. Nuestra hacienda, enclavada en el corazón de las montañas de Oaxaca, es un refugio tanto como una prisión. Por generaciones, mi familia ha mantenido un pacto ancestral con los 'Seres de la Noche', vampiros de un linaje antiguo y poderoso que habitan las cuevas bajo nuestras tierras. A cambio de protección contra otros peligros sobrenaturales que acechan en el mundo, una mujer de nuestra familia debe entregarse como consorte a su líder cada dieciocho años.
Mi madre, Lucía, siempre me preparó para este día. No con miedo, sino con una extraña mezcla de resignación y orgullo. Me enseñó los secretos de la herbolaria para aliviar el 'malestar' de nuestro huésped, los cantos antiguos para calmar su sed, y las historias de las mujeres que me precedieron, convertidas en leyendas susurradas a la luz de la luna.
Pero yo, Inés, nunca acepté mi destino. Siempre soñé con escapar de las sombras de la hacienda, con ver el mundo más allá de las montañas, con amar a alguien que no fuera una criatura de la noche.
Esta noche, sin embargo, la tradición me atrapó. Las ancianas de la hacienda me vistieron con un vestido blanco, inmaculado como un sudario. Me adornaron con joyas de plata, supuestamente para protegerme, pero que se sentían como grilletes fríos en mi piel. Me llevaron al patio central, iluminado por la luna llena y las antorchas que proyectaban sombras danzantes sobre los muros.
Allí estaba él. Lord Azael. Su nombre era un susurro de temor entre mi gente. Su belleza era tan deslumbrante como peligrosa. Piel pálida como el mármol, ojos rojos como la sangre fresca, cabello negro como la noche sin estrellas. Vestía de terciopelo negro, y un medallón de plata con forma de luna llena colgaba sobre su pecho. Su presencia inundó el lugar con un aura de poder y seducción.
Se acercó a mí con la gracia de un depredador. Su mirada me recorrió de pies a cabeza, como si fuera un objeto, una ofrenda. Podía sentir el miedo helándome la sangre, pero también una extraña fascinación. Era hermoso, terriblemente hermoso.
—Inés —dijo su voz, un murmullo profundo que parecía acariciar mi piel—. Has crecido hasta ser una mujer hermosa. Una digna sucesora.
No respondí. No podía. El terror me había robado la voz.
Extendió una mano hacia mí, y una de las ancianas me empujó hacia adelante. Tropecé y caí a sus pies.
—Levántate —ordenó Azael, y su voz resonó en todo el patio. Dos guardias me levantaron bruscamente.
Me obligaron a arrodillarme frente a él. Azael se inclinó y tomó mi rostro entre sus manos frías. Sentí su aliento helado en mi cuello.
—Esta noche, te convertirás en mi consorte —susurró—. Esta noche, tu vida me pertenecerá.
Cerré los ojos, esperando el dolor, la muerte. Pero en lugar de eso, sentí un roce suave en mis labios. Un beso ligero, casi tierno. Abrí los ojos, sorprendida. Azael se alejó un poco, observándome con una expresión indescifrable.
—Pero no hoy —dijo con una sonrisa enigmática—. Hoy, te daré una opción.
Mi corazón dio un vuelco. ¿Una opción? ¿Qué clase de juego estaba jugando?
—Si me complaces —continuó Azael—, si demuestras ser digna de mi afecto, te perdonaré la vida. Te convertiré en algo más que una simple consorte. Te haré mi reina.
—¿Y si no lo hago? —pregunté, mi voz apenas un susurro.
—Entonces, morirás. Lenta y dolorosamente.
Me estremecí. Era una trampa, lo sabía. Pero también era una oportunidad, una pequeña rendija de esperanza en la oscuridad.
—¿Qué quieres que haga? —pregunté, desafiante.
Azael sonrió de nuevo, una sonrisa que no prometía nada bueno.
—Quiero que encuentres algo que se ha perdido —dijo—. Una reliquia de mi pasado. Algo que me fue arrebatado hace mucho tiempo.
—¿Qué reliquia? —pregunté.
—Eso —dijo Azael—, tendrás que descubrirlo tú misma. Pero te daré una pista. Busca en las ruinas de la antigua iglesia, donde la cruz dejó de ser sagrada. Tienes tres lunas para encontrarlo, Inés. Si fallas, tu alma me pertenecerá para siempre.
Un escalofrío me recorrió la columna vertebral. La antigua iglesia. Un lugar maldito, lleno de sombras y secretos. Un lugar del que nadie se atrevía a acercarse. Me había encomendado una tarea imposible. Pero, ¿qué otra opción tenía?
—Acepto —dije, mi voz temblando ligeramente.
Azael asintió, complacido. Luego, se volvió hacia sus guardias.
—Llévenla a sus aposentos —ordenó—. Que se prepare para su viaje. Y asegúrense de que no escape.
Me llevaron a una habitación lujosa, llena de sedas y espejos. Pero no me sentía como una princesa. Me sentía como una prisionera, una marioneta en manos de un maestro cruel. Sabía que mi vida dependía de encontrar esa reliquia. Pero, ¿cómo iba a hacerlo? ¿Y qué secretos oscuros me esperaban en las ruinas de la antigua iglesia?
Mientras las sombras de la noche se cernían sobre mí, escuché un débil rasguño en la puerta. La puerta se abrió lentamente y una figura sombría se deslizó adentro. No pude distinguir su rostro en la penumbra, pero una voz susurró:
—No estás sola, Inés. Hay quienes queremos ayudarte. Y sabemos la verdad sobre Azael… y sobre la reliquia que busca. Pero debes tener cuidado. Confiar en la persona equivocada podría ser tu perdición.