Tu Risa Entre las Ruinas de Granada
Chapter 1 — El eco de tu risa en Granada
El olor a jazmín y azahar la golpeó como una bofetada al salir del aeropuerto de Granada. Diez años. Diez años desde que huyó, dejando atrás el eco de una risa que todavía la perseguía en sueños. Ahora, Minerva había regresado, con el corazón latiéndole salvajemente en el pecho y una maleta llena de recuerdos que intentaba desesperadamente mantener cerrados.
Granada seguía siendo la misma: las calles empedradas serpenteando entre casas blancas, la Alhambra majestuosa recortándose contra el cielo azul, el bullicio de la gente en la Plaza Nueva. Pero Minerva no era la misma. La joven ingenua que se había marchado con el corazón roto había sido reemplazada por una mujer cautelosa, con cicatrices invisibles y una armadura construida a base de años de trabajo y distancia emocional.
Se dirigió al pequeño hotel boutique que había reservado en el Albaicín. El taxi subió por las estrechas calles, sorteando turistas y lugareños. Cada esquina le traía un recuerdo: aquel banco donde se besaron por primera vez, aquel café donde solían pasar las tardes leyendo poesía, aquella tienda de antigüedades donde él le había regalado un pequeño broche de plata.
Al llegar al hotel, la recibió una mujer mayor con una sonrisa cálida. "Bienvenida, Minerva. Soy Carmen, la dueña. Sabía que eras tú, tu madre me contó que llegarías hoy." La mención de su madre la tomó por sorpresa. No había hablado con ella en años. ¿Por qué su madre le había contado a Carmen sobre su llegada?
Carmen le entregó la llave de su habitación. "La habitación tiene una vista preciosa de la Alhambra. Espero que disfrutes tu estancia." Minerva subió las escaleras, sintiéndose cada vez más incómoda. Algo no encajaba. ¿Por qué tanto interés en su llegada? ¿Por qué su madre, con quien apenas tenía contacto, había estado hablando de ella?
Abrió la puerta de la habitación y se quedó sin aliento. No era la vista de la Alhambra lo que la había impactado, sino el hombre que estaba de pie junto a la ventana, con la mirada fija en el horizonte. Un hombre que no había cambiado en absoluto. Un hombre cuyo nombre había intentado borrar de su memoria durante diez largos años. Un hombre que ahora la miraba con una mezcla de sorpresa, dolor y… ¿esperanza? "Minerva", dijo él, su voz un susurro ronco que resonó en lo más profundo de su alma. "Cuánto tiempo…"