El Último Silencio de Madrid
Chapter 3 — Café de Sombras
El Café de la Ópera, un santuario de terciopelo rojo y luces tenues, parecía un escenario perfecto para una confesión… o una emboscada. Renata llegó puntual, el mensaje de texto quemándole aún los dedos. Había pasado la noche dando vueltas en la cama, debatiéndose entre la esperanza y el temor. ¿Qué podía querer Gabriel después de tanto tiempo? ¿Qué explicación podría justificar cinco años de silencio?
Se deslizó en una mesa apartada, cerca de la ventana, desde donde podía observar la calle adoquinada. La camarera, una mujer de rostro amable y movimientos pausados, le ofreció la carta. Renata pidió un cortado, necesitando desesperadamente la cafeína para mantener a raya la ansiedad que la carcomía.
Mientras esperaba, su mirada recorrió el local. Parejas jóvenes susurraban secretos, un grupo de amigos reía a carcajadas, un anciano leía el periódico con atención. Todos ajenos a la tormenta que se desataba en su interior. Cada vez que la puerta se abría, su corazón daba un vuelco, solo para estrellarse contra la dura realidad de la ausencia de Gabriel.
El cortado llegó, humeante y reconfortante. Renata tomó un sorbo, sintiendo el calor extenderse por su cuerpo. Intentó concentrarse en el sabor, en el aroma, en cualquier cosa que la distrajera de la incertidumbre. Pero era inútil. La imagen de Gabriel, con su sonrisa enigmática y sus ojos verdes, la perseguía como una sombra.
Pasaron quince minutos, luego media hora. La impaciencia comenzó a apoderarse de ella, transformándose en una rabia sorda. ¿Era esto una especie de juego? ¿Un cruel recordatorio de su antigua vulnerabilidad? Estaba a punto de levantarse y marcharse, dispuesta a borrar a Gabriel de su vida de una vez por todas, cuando lo vio. Estaba de pie en la entrada, observándola con una expresión indescifrable. Pero no estaba solo. A su lado, una mujer rubia, alta y elegantísima, le tomaba del brazo con possessive affection.