El Último Silencio de Madrid
Chapter 4 — Un Espejo Roto
Renata sintió como si un balde de agua helada la recorriera de pies a cabeza. La imagen de Gabriel, tan cerca y a la vez tan lejano, se distorsionó ante sus ojos. La mujer, una visión de sofisticación con su vestido color champán y su cabello perfectamente peinado, le dirigió una mirada condescendiente antes de susurrar algo al oído de Gabriel. Él asintió, y juntos comenzaron a caminar hacia su mesa.
Intentó recomponerse, respirar hondo, pero el aire parecía escasear. La rabia y la humillación luchaban por tomar el control, pero Renata se aferró a la fachada de compostura que había cultivado durante años. No le daría a Gabriel, ni a su acompañante, la satisfacción de verla derrumbarse.
"Renata, qué alegría verte," dijo Gabriel con una sonrisa forzada que no llegaba a sus ojos. "Permíteme presentarte a Claudia, mi… socia."
Claudia extendió una mano enjoyada. "Un placer, Renata. Gabriel me ha hablado mucho de ti."
La mano de Renata tembló ligeramente al estrechar la de Claudia. "El placer es mío," respondió con una voz que intentó mantener firme. "Gabriel también ha hablado mucho de usted, supongo."
La tensión era palpable, como un hilo invisible que amenazaba con romperse al menor tirón. Gabriel tomó asiento frente a ella, Claudia a su lado, ocupando el lugar que, en su fantasía, Renata había reservado para sí misma.
"¿De qué querías hablar conmigo, Gabriel?" preguntó Renata, yendo al grano. Ya no podía soportar el teatro. Necesitaba saber la verdad, por dolorosa que fuera.
Gabriel suspiró, y por un instante, Renata vio un atisbo de la vieja vulnerabilidad en sus ojos. "Es complicado, Renata. Muy complicado." Miró a Claudia, quien le devolvió una mirada que Renata no pudo descifrar. "Se trata de… un proyecto. Un proyecto muy importante para mí, para nosotros."
Renata frunció el ceño. "¿Un proyecto? ¿Me citaste aquí para hablarme de un proyecto? Después de cinco años… ¿esto es todo?"
Antes de que Gabriel pudiera responder, el teléfono de Claudia sonó. Ella se disculpó con una sonrisa y se levantó para contestar la llamada, alejándose un poco de la mesa. Gabriel aprovechó ese momento para acercarse a Renata y susurrarle al oído:
"No es lo que parece, Renata. Por favor, créeme. Necesito que confíes en mí. Reúneme mañana en el Parque del Retiro, a las siete de la tarde. Solo nosotros. Te explicaré todo."