La Noche del Capataz

Chapter 7 — El Dije Perdido

El corazón de plata brillaba bajo la luz de la luna, un acusador silencioso en la palma de Renata. Micaela, con el rostro demacrado, se acercó, implorando credibilidad. "Renata, por favor, tienes que creerme… yo no hice nada".

Renata la observó, el humo aún ondeando a su alrededor, mezclándose con la brisa nocturna. La lealtad hacia su familia luchaba contra una extraña punzada de compasión. "Micaela, este dije… es tuyo, ¿verdad? ¿Cómo llegó hasta aquí?"

Micaela negó con la cabeza frenéticamente, las lágrimas resbalando por sus mejillas. "Lo perdí hace semanas, cuando me echaron. Busqué por todas partes. ¡Alguien me está incriminando!"

Don Sebastián se abrió paso entre la gente, su rostro enmascarado por la sospecha. "¿Qué está pasando aquí? ¿Qué hace esta… ladrona en mi viñedo?"

"Ella dice que alguien la está incriminando, Sebastián", intervino Renata, sintiendo una creciente incomodidad. La mirada inquisitiva de su prometido la hacía sentir culpable, como si ella misma tuviera algo que ocultar.

Sebastián se acercó a Micaela, amenazante. "Ya has causado suficiente daño. Será mejor que te marches antes de que llame a la guardia."

"¡No me iré!", exclamó Micaela, con una valentía inesperada. "¡Tengo que limpiar mi nombre! Este dije fue plantado. Alguien quiere que me culpen por todo". Dirigió su mirada directamente a Renata. "Señorita, usted sabe que yo jamás haría algo para dañar a su familia. Los he servido con lealtad durante años".

La súplica de Micaela resonó en el corazón de Renata. Recordaba a Micaela desde niña, su cuidado y dedicación. Era difícil creerla capaz de tal traición. Pero la evidencia era condenatoria.

Don Rafael apareció, alertado por el alboroto. Su mirada severa se posó en Micaela. "¿Qué sucede aquí? Sebastián, ¿por qué no la han arrestado aún?"

Antes de que nadie pudiera responder, un grito ahogado resonó en la oscuridad. Todos se giraron para ver a una de las trabajadoras, Consuelo, desplomada en el suelo, agarrándose el pecho.

"¡Envenenamiento!", gritó alguien. "¡Alguien envenenó el vino!"